¿Qué modificaciones producirá el cambio climático en la vid?

En el contexto de la XXII edición de la Jornada Vitivinícolas, Jordi Domingo dio una espectacular ponencia que profundizaba sobre los efectos del cambio climático en la viña.

Bajo el titulo “Fomentar la biodiversidad en el viñedo para adaptarse al cambio climático y a la demanda del mercado” Domingo viajó por el pasado, presente y futuro de nuestras viñas para hacernos conscientes de la situación real con un baño de datos.

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Toda la información que el técnico pudo arrojar es resultado del laborioso trabajo que realizan en la entidad de la que es miembro, la Fundación Global Nature. Una ONG independiente que lucha por conservar la biodiversidad de nuestros paisajes. En su labor por proteger la flora, fauna y agricultura, desde la fundación observan con detenimiento el clima, sus cambios y consecuencias. Gracias a este análisis Domingo puede afirmar que, más que nunca, “una viticultura con coherencia es la mejor solución para los cambios que vienen”.

¿Y qué cambios vienen? En Fundación Global Nature lo tienen claro, el aumento de la temperatura y la disminución de las lluvias son hechos innegables. Desde el punto de vista de la vid los daños pueden ser potentes ya que sabemos que estos dos elementos son indispensables para el desarrollo de la viña.

Además, Domingo destacó la importancia de la calidad de nuestras añadas ya que “la uva es de los pocos cultivos donde calidad y cantidad son igual de importantes”, señaló. Y todos estos cambios afectarán de forma notable también a la calidad si no trabajamos en una solución.

Jordi Domingo quiso profundizar aún más en el caso de nuestra región y gracias a Agro Climate Zone Tool, un estudio que no se basa en la zona ni el país sino en cuadrículas concretas de terreno y tiene un registro concreto de 10 parámetros en esa área, nos narró las predicciones para la Denominación de Origen Utiel-Requena.

De estos diez parámetros los más valiosos para predecir el futuro de la viña son:

El estrés hídrico acumulado de invierno y primavera, es decir, la falta de disponibilidad de agua para momentos clave de la viña. Los déficits superiores a -500 mm de media tienen efectos nocivos sobre la cosecha. Particularmente impactan reduciendo mínimo un 30% el rendimiento medio.

Las olas de calor son otro de nuestros peores enemigos. Cuando entre julio y agosto vivimos más de 15 días con temperaturas superiores a los 35ºC se tienen consecuencias a partir de un 30% de reducción en el rendimiento de la vid.

Las lluvias intensas o el granizo, desde junio a septiembre, causan problema sanitarios y afectan al fruto. El aumento de estos incidentes repercute mínimo un 40% en la cantidad final de uva. Respecto a este punto Domingo aseguró que las predicciones para nuestra Denominación de Origen es que sean menos frecuentes pero más graves.

Por último, otro de los aspectos del cambio climático que más puede influir a la calidad y cantidad de las uvas de Utiel-Requena son las heladas tardías. Estas tienen especial impacto si afectan al viñedo de marzo en adelante. En referencia a este aspecto Jordi auguró que este suceso que va ir desapareciendo porque lo que se prevé es un aumento de las temperaturas y cada vez nos dirigimos a unos inviernos más cálidos. Sin embargo, a colación de esto Domingo nos invitó a una reflexión “si desaparece el frío quizás la planta no pueda entrar en reposo”. Por lo que esta predicción no es del todo positiva.

El estudio de estos cuatro ítems en particular anuncia posibles consecuencias para los próximos años en las viñas de nuestra Denominación de Origen:

  • Cambio en la calidad y características de nuestros vinos: desequilibrio entre maduración, tecnológica y fenólica. Cambios en las variedades, colores y acidez.
  • Sanidad vegetal: posible mayor incidencia de nuevas plagas y enfermedades
  • Gestión del cultivo: más energía consumida en riego, degradación de las condiciones del suelo
  • Salinización de suelos
  • Servicios ecosistémicos: reducción de los servicios ecosistémicos o cambios en su funcionamiento (polinización, biodiversidad, especies invasoras, etc)

Domingo, ante este escenario poco alentador, quiso mandar un mensaje tranquilizador asegurando que “no es que los vinos vayan a ser peores, sino que serán diferentes porque la uva que recojamos será diferente”.

Además, añadió más esperanza a la partida mostrando los diferentes campos de actuación en los que podemos trabajar para convertirnos en unos agricultores resilientes a los cambios climáticos.

Una de las medidas de adaptación más eficaces es comenzar a mejorar el contenido de la materia orgánica de nuestro suelo y su estructura. Es decir, debemos comprender que el suelo “no es un soporte estéril, necesitamos suelos vivos”, en palabras del propio Jordi. Será ideal trabajar en cubiertas vegetales para el invierno y en métodos para que aumente el aporte de materia orgánica y la vid se pueda nutrir.

Además, Domingo conectó la importancia de estos suelos “vivos” y el cambio de temperaturas ya que aseguró que hay unas diferencia de 8ºC entre un suelo vivo o muerto.

Otra de las medidas importantes que debemos comenzar a plantearnos para afrontar el cambio climático es el manejo de la agrodiversidad. Jordi insistió en darle valor a las variedades tradicionales, que él mismo catalogó como “corredoras de fondo” gracias a su buena resistencia.  Además, nos recordó que nuestra variedad, la uva Bobal es “lo que nos diferencia del resto del mundo”.

El técnico también recordó que la variedad genética dentro de la vid es enorme y un testado sobre qué variedades se adaptan mejor a nuestra zona nos ayudará a descubrir cual se adapta mejor a los cambios que podamos sufrir en el futuro.

Por otro lado, se habló de la importancia de un manejo óptimo de la planta para resistir a los futuros cambios. Por ejemplo, no someter a las vides a una presión excesiva, respetando el rendimiento natural de la planta, la mantendrá más sana y fuerte.

La poda en verde, para equilibrar el ratio de fruta y hoja, y el aclareo de racimos, para controlar las producciones, son dos técnicas que nos pueden ayudar en este proceso.

El manejo del agua también tuvo un papel importante en las técnicas que Domingo indicó para prevenir los efectos del cambio climático ya que la disminución de esta es uno de los aspectos que más preocupan de cara al futuro.

“Poner más agua en la viña no es regar mejor, lo que necesitamos son estrategias para saber cómo y dónde se necesita regar”, aseguró Jordi. Para ello podemos hacer uso de las técnicas que mejoran la eficiencia de los sistemas de riego como, por ejemplo, los sensores de campo.

También es interesante fomentar el estrés hídrico moderado entre envero y vendimia para ahorrar agua, mejorar la calidad organoléptica acumulando azúcares y los compuestos fenólicos.

Por último para adaptarnos a estos cambios se pueden hacer modificaciones en la producción del vino utilizando diferentes tipos de levadura o elaborando vinos más ácidos que estén equilibrados con una mayor graduación alcohólica. En esta fase de laboratorio ya entra en juego las habilidades de cada bodega para jugar con lo que las nuevas características de la tierra den como resultado.

Con este listado de ideas para el futuro Jordi Domingo finalizó una ponencia que dejó a toda la Bodega Redonda meditando sobre los posibles cambios de un futuro cada vez más cercano.

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