Las tonalidades del vino tinto

¿Alguna vez te has preguntado qué factores influyen en el color del vino? Porque, vale, sí. Está el tinto, el blanco y el rosado. Pero, ¿has visto cuantísimo varían las tonalidades en cada uno de estos tipos?

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Es más, date cuenta de si es importante el color de un vino que la primera fase de una cata es la fase visual. Apreciar todas las tonalidades escondidas dentro de la copa puede ser una verdadera delicia.

Además, ya sabes que nuestro cerebro se fía muchísimo de lo que ve y automáticamente lo traduce en si estará o no sabroso ¿No has visto alguna vez tu plato preferido y nada más verlo ya has empezado a salivar? Pues eso.

Llega a ser tan determinante que incluso en algunos lugares se exige que las catas se hagan a ciegas para que la visión no interfiera en la opinión de los profesionales. Curioso, ¿verdad? Seguro que ahora ya te han entrado más ganas de averiguar qué factores intervienen en el color de cada vino.

Pues verás, los principales causantes de uno u otro color en la copa son: el tipo de uva, el proceso de elaboración y el clima de su zona de producción. Dicho esto, vamos a analizar las tonalidades de un vino tinto.

En esta categoría los colores más famosos son los tonos violetas, rubís, sangre, café, granate, purpura o ladrillo. Fíjate en tu próxima degustación, ¿cuál de estas 7 subcategorías hay en tu copa? Y empieza así a practicar la fase visual de tu próxima cata.

Los principales causantes de esta variedad de colores son los antocianos y los taninos que se encuentran en la uva. Los antocianos los encontramos en la piel y, depende de la variedad puedes tener mayor presencia de tonalidades azules, violetas o rojas.

En la elaboración de tintos, las diferentes variedades darán un resultado final u otro. Si obtenemos matices más intensos las variedades habituales suelen ser Garnacha Tintorera, Cabernet Sauvignon, Tempranillo o Syrah. Si por el contrario el resultado tiene tonos más suaves es posible que se haya utilizado Garnacha Tinta o Pinot Noir, que producen colores menos saturados.

Cuando la maduración de un vino es la adecuada encontramos mayor cantidad de antocianos, es decir un color más potente y saturado.  Por eso un experto puede prever algunos de los matices que encontrará en la copa con tan solo mirarla.

¿Y cómo influye el proceso de elaboración en las tonalidades de un vino tinto? Los vinos jóvenes, es decir que se elaboran y en breve tiempo se embotellan, presentan colores más vivos, como púrpura o violeta.

El vino que se ha criado en barrica, debido a la micro oxigenación, tiene tonos cereza y rojo. En medida en que la crianza en botella y barrica se hace más larga el vino va adquiriendo tonalidades teja.

La fusión de las tonalidades originales, obtenidas por la variedad de uva, y las que se adquieren posteriormente en el proceso de producción da como resultado la infinita variedad de subtonos que podemos encontrar en el mundo de los tintos.

El clima también influye en las tonalidades finales  de un vino ya que los antocianos se generan en la fase de envero de la uva y esa evolución de las tonalidades de una uva está directamente relacionada con el sol y la pluviometría.

Curioso, ¿verdad? Ahora que ya sabes la teoría toca pasar a la práctica. Empieza a fijarte las tonalidades de tus tintos favoritos y aprecia cómo las tonalidades de la copa se convierten en diferentes matices en la boca.

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