Ajoarriero, morteruelo y gazpachos: la mesa de interior de Utiel-Requena

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La cocina de Utiel-Requena no se entiende mirando a Valencia, sino mirando a Cuenca. Aquí no hay mar: hay matanza, caza, secano y bacalao seco. Por eso en esta comarca se come ajoarriero, morteruelo y gazpachos —que no son sopa fría— y por eso el vino que acompaña esa mesa necesita estructura y acidez, que es exactamente lo que da la Bobal.

Hay un malentendido de partida cuando alguien viene de Valencia capital esperando encontrar aquí una versión rural de la cocina de la costa. No la hay. Estamos a unos 70 kilómetros del Mediterráneo en línea recta, pero a 720 metros de altitud y con el clima de una meseta de interior, y eso ha marcado la despensa mucho más que la distancia al mar.

Por qué aquí se come así

Piensa en lo que había disponible antes de que existieran las neveras y las autopistas. Cerdo de matanza, que se conserva en embutido y da grasa para cocinar todo el año. Caza menor —liebre, perdiz— porque el monte está lleno. Patata, legumbre y hortaliza de secano. Aceite de oliva. Y del mar, solo lo que aguantaba el viaje: bacalao salado, que durante siglos fue el pescado del interior peninsular por una razón muy poco romántica, que era barato y no se estropeaba.

De esos ingredientes salen platos contundentes, pensados para inviernos largos y para gente que trabajaba en el campo. Y de esa misma lógica sale el vino: un tinto con cuerpo que pudiera con la grasa del embutido y con la potencia de la caza.

Mesa con cazuelas de barro, embutidos y pan en unas jornadas de platos de cuchara
Cazuela de barro, embutido y pan: la mesa de una comarca de secano con inviernos largos.

El ajoarriero, que aquí es de patata

Primera aclaración, porque el nombre viaja y confunde: hay varios ajoarrieros distintos en España. El navarro lleva bacalao desmigado con tomate y pimiento. El de esta comarca es otra cosa.

El ajoarriero de Utiel-Requena es una pasta de patata, ajo, huevo y aceite, majada en el mortero hasta que emulsiona y queda una crema densa y blanca. Se come untada en pan, como aperitivo, y en muchas casas se le añade bacalao desmigado, herencia de cuando era el producto del mar que llegaba hasta aquí.

Lo que lo hace especial es la textura, y la textura depende del brazo: majar a mano no es lo mismo que triturar con máquina. Quien lo hace bien te lo dirá enseguida, y tiene razón.

El morteruelo, el paté de los pastores

El morteruelo es un paté caliente de caza: carnes de monte y de cerdo cocidas y desmenuzadas hasta convertirse en una pasta que se sirve muy caliente y se unta en pan. Nació como comida de pastores, gente que necesitaba concentrar mucha energía en poco volumen, y hoy es plato emblemático de Cuenca y habitual en toda esta franja de interior, incluida nuestra comarca.

Se come al principio de la comida y desconcierta a quien lo prueba por primera vez: parece un paté, pero está caliente y tiene especias. La primera cucharada suele generar dudas y la tercera, conversión.

Cómo se sirven de verdad estos dos

Ni el ajoarriero ni el morteruelo son platos de tenedor: son de untar. Llegan a la mesa antes que nada, con pan y en cantidad, para ir picando mientras se habla. Y el morteruelo, caliente: si te lo ponen frío, algo ha ido mal en la cocina o lleva demasiado rato fuera.

Los gazpachos, que no son lo que crees

Aquí está la confusión más divertida de toda la cocina de interior. Si en Utiel o en Requena te ofrecen gazpachos, en plural, no te van a traer una sopa fría de tomate. Te van a traer un guiso caliente de caza —liebre, perdiz, conejo— cocinado con una torta de pan ácimo troceada que hace de base y espesa el conjunto.

Es el mismo plato que en La Mancha llaman gazpachos manchegos o galianos, y es de los mejores ejemplos de lo que decíamos al principio: la frontera gastronómica de esta comarca está mucho más cerca de Cuenca que de la Albufera.

En la misma familia entran los arroces de cazuela —al horno, con bajocas, caldosos— y las patatas en caldo, todos platos de invierno y de cuchara. Nada que ver con el arroz seco de la costa.

Qué vino pide cada plato

Con esta cocina el maridaje casi se resuelve solo, porque responde a la lógica geográfica: lo que crece junto casa junto. Pero conviene afinar, porque no todos estos platos piden lo mismo.

PlatoQué vinoPor qué
AjoarrieroUntado, de aperitivoBlanco de Macabeo o rosado de BobalLa emulsión de aceite y ajo necesita acidez que limpie, no estructura que pese
MorterueloCaliente, especiadoTinto joven de BobalTiene grasa y especia: pide fruta y algo de tanino, sin exceso de madera
Gazpachos de cazaGuiso potenteTinto con crianzaLa caza tiene sabor intenso y largo; aguanta y agradece un vino con recorrido
Embutido de la comarcaMorcilla, longaniza, güeñaTinto joven con acidez vivaLa grasa curada satura el paladar y la acidez lo resetea entre bocado y bocado
Arroz al horno o con bajocasDe cazuelaTinto joven o rosado con cuerpoPeso medio: un vino demasiado estructurado se come el plato
Carne asada con pimientos servida junto a una copa de vino tinto
La regla de fondo: cuanto más grasa y más sabor tenga el plato, más estructura y acidez pide el vino.

Si quieres el criterio completo y no solo la chuleta, lo desarrollamos en maridaje: qué vino combina con cada comida, donde explicamos por qué el peso del plato manda más que el color del vino.

Dónde probarlo sin equivocarse

Estos platos no suelen estar en las cartas de temporada alta ni en los sitios pensados para paso rápido: son de restaurante de pueblo y de menú del día, y muchos aparecen sobre todo en invierno. Preguntar es la mejor estrategia, y en particular preguntar si el ajoarriero está hecho en casa: la diferencia entre uno majado a mano y uno industrial es abismal.

Hay además dos momentos del año en que la comarca se pone a ello de forma organizada: las jornadas gastronómicas de platos de cuchara, en invierno, y las fiestas y ferias en torno al vino, donde la mesa local es parte del programa.

La mesa y la copa, en el mismo sitio

Varias bodegas de la denominación ofrecen comidas y maridajes con cocina de la comarca. Es la forma más directa de probar todo esto con el vino que le corresponde.

Ver catas y maridajes en bodega

Preguntas frecuentes

¿Qué es el ajoarriero de Utiel-Requena?
Una pasta de patata, ajo, huevo y aceite majada en mortero, que se come untada en pan como aperitivo. En muchas casas se le añade bacalao desmigado. No confundir con el ajoarriero navarro, que lleva tomate y pimiento.

¿Y el morteruelo?
Un paté caliente elaborado con carnes de caza y de cerdo, de origen pastoril y emblema de la cocina conquense. Se sirve muy caliente para untar.

¿Los gazpachos de aquí son fríos?
No. Son un guiso caliente de caza con torta de pan troceada, de la misma familia que los gazpachos manchegos. Nada que ver con el gazpacho andaluz.

¿Qué vino pido si no sé cuál elegir?
Un tinto joven de Bobal funciona con casi toda esta mesa: tiene fruta, cuerpo y la acidez necesaria para cortar la grasa del embutido y de la matanza.

¿Cuándo se comen estos platos?
Sobre todo en invierno. Son platos de cuchara y de plato fuerte, pensados para el frío de una comarca de interior a 720 metros de altitud.

¿Por qué hay tanto bacalao en una comarca sin mar?
Porque salado se conservaba y era barato. Durante siglos fue el único pescado que llegaba con regularidad al interior peninsular, y por eso está en tantas recetas tradicionales de secano.

La cocina de esta comarca no es una versión de segunda de la valenciana: es otra cosa, nacida de otro clima y de otra despensa. Y tiene una ventaja sobre las cocinas más famosas, que es que sigue siendo cotidiana. Aquí el ajoarriero no es una recreación para turistas: es lo que hay en la nevera de muchas casas un domingo por la mañana.