El historiador y arqueólogo Carlos J. Gómez-Miota, reciente ganador del 25º Premio Bernat Capó de difusión de la cultura popular, está demostrando que para entender el vino de Utiel-Requena hay que ir a las raíces, y en el sentido más literal, subterráneas. A través de su premiada obra, ‘El vino de la cueva’, reivindica el papel de la tradición oral como fuente histórica fundamental.
Un cambio de rumbo con raíces metodológicas
Carlos Javier sintió que la recuperación de la esencia cultural exigía oír las voces del pasado. Su reto fue construir la historia con herramientas diversas, algo que le valió el reconocimiento por la difusión de la cultura popular: “El trabajo parte de un enfoque interdisciplinario que conjuga historia oral, arqueología, documentación de archivo y testimonio etnográfico”.
El peso de la tradición oral fue primordial para reconstruir el proceso completo desde la vendimia, con especial atención a la uva bobal, variedad autóctona, hasta las técnicas de elaboración del vino en las cuevas excavadas bajo las viviendas.

El tren que cambió el vino y la Bobal
El trabajo del historiador no solo recupera el cómo se hacía el vino, sino también el por qué la tradición de la cueva se interrumpió. “El abandono de estos espacios no fue por un defecto técnico, sino por un cambio impulsado por el ferrocarril en 1885”, comenta Carlos Javier.
El tren permitió un aumento masivo de la producción que “las bodegas caseras no podían asumir físicamente”. Esta nueva dinámica comercial, con una demanda de vinos homogéneos, llevó al desarrollo de grandes espacios en superficie, más adecuados a las necesidades comerciales.
A pesar de este cambio, la uva Bobal demostró una resiliencia única. “La Bobal sobrevivió y se extendió gracias a una casualidad: su capacidad para aportar color y fuerza a los vinos franceses durante las crisis del oídio y la filoxera en el siglo XIX”. Su trabajo demuestra que la mejor tecnología era el respeto por la tierra y su subsuelo.

Folclore, tradición oral y el Tripabálago
Más allá de la técnica, la investigación recupera la rica tradición oral que ha calado el imaginario popular. Es un reconocimiento a aquellos que promovieron el campo y sus valores. El libro rescata leyendas que surgieron de la necesidad de alertar sobre los peligros de los espacios oscuros.
«El libro no olvida la rica tradición oral que ha calado el imaginario popular de Utiel», explica Carlos J. Uno de los hallazgos más curiosos es el Tripabálago, un «asustaniños de manual» pensado para evitar que los niños entrasen en la cueva.
Con su pasión y visión, Carlos Javier Gómez-Miota es un claro ejemplo de que el patrimonio histórico sigue vivo y con mucho que ofrecer. «Para mí, la historia me da la vida». Y concluye: “‘El vino de la cueva’ es un testimonio de la historia vinícola, y un recordatorio de que en Utiel aún existen más de 1000 bodegas subterráneas, cuyo uso como espacio vinícola es una de las vías más interesantes para su recuperación y para experimentar con la arqueología experimental”.
Este viernes, 21 de noviembre, Carlos Javier Gómez-Miota presentará su galardonado libro en Utiel, un evento que comenzará con una visita guiada a las Bodegas Subterráneas de Puerta Nueva (19:15 h) dirigida por el autor, y continuará con el coloquio de presentación a las 20:00 h en el Salón de Plenos del Ayuntamiento, en el que intervendrán el alcalde Ricardo Gabaldón y el cronista oficial José Luis Martínez. Finalizando con un vino de honor.

