Vino: Crianza en barrica y crianza en botella

La crianza es un proceso mediante el cual se busca mejorar las características de un vino que ya ha sido elaborado. Hay que tener cuenta que una vez producido el vino se puede consumir, sin embargo, en algunos casos existe la posibilidad de mejorar sus cualidades a través de la crianza.

No todos los vinos son aptos para la crianza, debe tener una serie de características (cantidad suficiente de taninos, acidez, cuerpo, grado alcohólico, poca predisposición a la oxidación) que favorezcan a su evolución.

El proceso de crianza se lleva a cabo en dos fases: en barrica u oxidativa y en botella o reductora.

 

Crianza en barrica

La crianza en barrica hace referencia al proceso de envejecimiento y maduración del vino dentro de la barrica, como su propio nombre indica. La mejor madera para este procedimiento es la del roble americano o francés. En nuestro país, la barrica más utilizada es la bordalesa con una capacidad de 225 litros.

Todas las barricas se colocan en hileras unas sobre otras en un espacio excavado o semiexcavado en el terreno, cuya temperatura debe oscilar entre 5º entre verano e invierno y su humedad relativa debe estar alrededor del 75%. Estas condiciones facilitan  el proceso.

Las pequeñas cantidades de oxígeno que consiguen llegar al interior del recipiente cambian los componentes químicos del vino.

Crianza vino en_barrica

Vino de crianza en barrica.

 

Durante esta fase la madera transmite una serie de sustancias aromáticas y gustativas de a el vino como los taninos y de los aldehídos que influyen y modifican el aroma y el sabor del vino.

Al mismo tiempo, se lleva a cabo la microoxigenación que permite la estabilización del color del vino al destruir los antocianos, que aportan el color que tiene el vino en su origen. Por este motivo, los vinos tintos evolucionan del  color rojo violáceo que tienen los vinos jóvenes a un color rojo teja de los añejos.

Además, cada seis meses las barricas se trasiegan para separar el vino de los residuos que se acumulan en el fondo.

Los expertos aconsejan no envejecer un vino más de dos años en barrica porque se puede estropear,  al hacerle perder su color, introducir demasiados aromas y taninos de la madera y someterse a un exceso de oxidación.

 

Crianza en botella o fase reductora

Durante esta etapa, el vino permanece en reposo dentro de una botella en la que apenas entra oxígeno porque el corcho que la sella impide que penetre, de manera que los elementos del vino reaccionan entre sí en su ausencia.

Se desarrolla siempre con la botella en posición horizontal para que el corcho esté humedecido y se ubican en cuevas o naves subterráneas aisladas para evitar el aire y los cambios bruscos de temperatura.

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Etapa de la crianza de vino en botella

 

El color de los vinos, se modifica de nuevo al disminuir los antocianos (pigmentos azules y rojos) y aumentar las flavonas (pigmentos amarillos). Los blancos carecen de antocianos  pero incrementan las flavonas, produciendo los colores amarillos intensos y ambarinos.

Además, se eliminan gran parte de los taninos y se reduce el nivel de astringencia del vino volviéndose más suave.

 

Clasificación de los vinos según su tiempo de crianza

El tiempo que los vinos pasan en las distintas etapas de crianza (ya sea de barrica o de botella) determinan su clasificación:

Vino  joven – Es aquel que no pasa por ningún proceso de crianza o lo hace por un breve período de tiempo.

Vino de crianza – Si se trata de vino tinto, debe haber estado sometido al envejecimiento por dos años  y de ellos al menos seis meses en madera. Si es blanco o rosado, dieciocho meses en bodega y seis en barrica.

Vino de reserva – El tinto debe permanecer tres años en bodega, de ellos uno en barrica. Los blancos y rosados deben estar en crianza durante dieciocho meses en bodega (seis en madera) y puestos a la venta en su tercer año.

Vino de gran reserva – Son vinos excepcionales, considerados como los mejores. Si son tintos pasan cinco años en bodega, de ellos un año y medio en barrica y el resto en botella. Los rosados y blancos permanecen cuatro años y al menos seis en barrica. Ambos se comercializan en su sexto año.

Cabe mencionar que esta es la clasificación general pero varía según cada Consejo Regulador de Denominación de Origen.

 

 

 

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