Dos bodegas de la Comunidad Valenciana pequeñas con mucho encanto

 El interior de la Comunidad Valenciana alberga diversas bodegas pequeñas que poseen un gran encanto como es el caso de la bodega Cerrogallina y la Finca Ardal.

Por una parte, la bodega Cerrogallina destaca por la meticulosidad del proceso de elaboración de sus vinos, con el que consigue producir vinos de calidad y de carácter único, fruto de las 7,5 hectáreas que cultiva, la mayoría de ellas dedicadas a la variedad Bobal procedentes de cepas viejas de entre 60 y 90 años.

Su bodega se localiza en el Campo Arcís en Requena, al píe del cerro Gallina, de ahí su nombre, y sus campos cuentan con una amplia variedad de tipos de suelo, lo que confiere una singular riqueza organoléptica a sus vinos, ya que el equipo de la bodega selecciona y analiza escrupulosamente estas diferentes características y estudia las proporciones de uva de cada añada.

Cerrogallina organiza visitas guiadas a la bodega los martes, viernes y sábados de 10 a 14 horas, en un recorrido en el que se detalla cada una de las fases de su cuidado proceso de elaboración, desde los depósitos de fermentación y almacenamiento, donde la uva se despalilla y se prensa, hasta la sala de barricas, en la que los vinos se envejecen.

Cerrgogallina vendimia

Cerrogallina vendimia: Fotografía de la vendimia en los campos de la bodega Cerrogallina.

 Otra de las bodegas de la Comunidad Valenciana que sorprenden por su especial encanto es la Finca Ardal, fundada  en 1896, cuando Práxedes Gil-Orozco la compró al volver a su tierra después de su exitosa carrera como concertista de guitarra en Sudamérica.

Se trata de una bodega que ha incorporado distintas tecnologías a su método de producción para obtener vinos de mayor calidad, pero que sigue conservando vestigios de los procedimientos artesanales antiguos, algo que suele fascinar a los turistas que se adentran en ella.

Bodega Finca Ardal

Finca Ardal: Exterior de la bodega de la Finca Ardal.

En este sentido, se planifican visitas con cita previa a la bodega para grupos, a partir de 3 personas, que pueden incluir catas comentadas, ya sean técnicas o más generales, un paseo por el viñedo o una comida en la bodega, dependiendo de lo que prefiera el grupo en cuestión.

 

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