Finca La Beata, un monovarietal de Bobal con un terroir muy característico

En un mundo en el que cada vez se valora más el terroir, vinos como Finca La Beata Bobal de Bodega Dominio de la Vega son muy apreciados. Y es que pocos vinos son capaces de reflejar con tanta precisión el carácter de una tierra. No es fácil de lograr. De hecho, en Bodega Dominio de la Vega llevan a cabo un minucioso proceso de elaboración para conseguirlo.

Todo empieza con el cultivo de cepas centenarias de Bobal de la parcela “La Beata”, situada a una altitud de 780 m en un suelo arcillo-calcáreo. La producción es muy reducida, sin exceder el kilo por cada una de las cepas.

Cuando llega el momento de la vendimia, se realiza una selección tanto de las zonas como de las cepas que mejor sean capaces de mostrar la esencia de cualquier viñedo: su tierra. Esta es la primera fase de selección puesto que una vez que las uvas llegan a la bodega se ejecuta otra criba, escogiendo los racimos de mayor calidad con el objetivo de que el vino se elabore únicamente con las uvas que verdaderamente reflejen ese terroir que se persigue.

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Finca La Beata Bobal: Un vino que refleja a la perfección el carácter de su terruño.

Posteriormente, la uva se macera en barricas y se efectúan remontados manuales que se intercalan con catas diarias para seguir en todo momento la evolución del vino que termina con su envejecimiento en barrica durante un mínimo 20 meses.

Antes del embotellado, se vuelven a examinar las barricas para identificar aquellas que más respetan el carácter del terruño, siendo éstas las que finalmente degustarán los consumidores después de su reposo en botella.

Con todo esto, la bodega se asegura la excelencia del vino pero sobre todo que sorprenda por su personalidad singular y característica. No en vano, Finca La Beata Bobal es un vino que resulta incomparable.

De color rojo picota muy intenso, desprende numerosas fragancias a compota de fruta roja y negra madura que se entremezclan con monte bajo mediterráneo como el espliego o el romero sobre  un fondo mineral y especiado de recuerdos balsámicos.

Intenso, denso y amable, ocasiona un largo postgusto y una de esas sobremesas que tanto nos gustan en las que no nos cansamos de degustar una y otra vez el vino que tenemos en la copa.

 

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